¿Puede existir un cálculo biliar después de retirar la vesícula?
Durante una práctica académica de Gastroenterología, observamos un caso particularmente interesante para el estudiante de Medicina: una paciente que ya había sido sometida a una colecistectomía y que posteriormente presentó un nuevo cuadro de dolor abdominal, cuya investigación por imágenes evidenció la posibilidad de un cálculo en la vía biliar. El caso demuestra por qué el diagnóstico no debe construirse a partir de un único examen. En la práctica clínica es necesario integrar la historia clínica, el examen físico, los estudios de laboratorio y los métodos de imagen.
Aviso de confidencialidad: este contenido fue elaborado a partir de una experiencia académica. Las características individualizantes y los datos que pudieran permitir la identificación de la paciente fueron omitidos o generalizados. No se presentan nombres, números de historia clínica ni otros identificadores.
El caso clínico
Paciente adulta de aproximadamente 30 años, con antecedente de colecistectomía laparoscópica realizada algunos años antes. Consultó por un cuadro de dolor abdominal de inicio agudo, predominante en epigastrio y con irradiación hacia el hipocondrio derecho, asociado a náuseas y episodios de vómitos. Durante la evaluación se consideraron diagnósticos relacionados con el páncreas y las vías biliares. El examen físico no mostraba signos de irritación peritoneal, aunque presentaba dolor a la palpación profunda en la región epigástrica y el hipocondrio derecho. Los estudios de laboratorio presentaban algunas alteraciones, incluyendo elevación de transaminasas. Sin embargo, los estudios de imagen aportaron un dato especialmente importante: la presencia de un cálculo en el contexto de las vías biliares.
Y aquí aparece la pregunta: ¿Cómo puede una paciente que ya no tiene vesícula presentar un cálculo biliar?

Primer punto: la colecistectomía no elimina la posibilidad de cálculos en la vía biliar
La colecistectomía elimina la vesícula biliar, que funciona como reservorio de la bilis y donde pueden formarse y almacenarse cálculos. Sin embargo, esto no significa que el sistema biliar quede completamente libre de cálculos. Un cálculo puede haber permanecido en la vía biliar después de la cirugía o desarrollarse posteriormente. Cuando existe un cálculo en el colédoco, hablamos de coledocolitiasis.
Por lo tanto: Colecistectomía ≠ ausencia de cálculos en la vía biliar. Este concepto es importante porque evita un error frecuente en el razonamiento clínico.
Dolor epigástrico: ¿debemos pensar solamente en gastritis?
La paciente tenía antecedentes de enfermedad gástrica, pero un diagnóstico previo no significa que todo nuevo dolor abdominal tenga necesariamente la misma causa. El dolor epigástrico acompañado de náuseas y vómitos tiene un diagnóstico diferencial amplio. Entre las posibilidades se encuentran:
- pancreatitis aguda;
- enfermedad biliar;
- coledocolitiasis;
- colangitis;
- enfermedad gastroduodenal;
- úlcera péptica;
- otras causas de dolor abdominal agudo.
El cuadro clínico debe orientar la investigación y los estudios complementarios ayudan a confirmar o descartar las principales hipótesis.

¿Pancreatitis o enfermedad biliar?
Una de las hipótesis consideradas durante la evaluación fue la pancreatitis aguda. La pancreatitis puede producir dolor abdominal intenso, generalmente localizado en epigastrio y, en algunos casos, con irradiación hacia la espalda, además de náuseas y vómitos. Sin embargo, síntomas similares también pueden aparecer en enfermedades de las vías biliares. Por eso, el razonamiento clínico debe intentar responder:
¿Existe evidencia de inflamación pancreática?
¿Existe obstrucción de la vía biliar?
¿Hay un cálculo en el colédoco?
¿Existen signos de infección de la vía biliar?
¿Hay dilatación de las vías biliares?
Las respuestas ayudan a determinar cuál debe ser el siguiente paso diagnóstico o terapéutico.
¿Qué hacer cuando el laboratorio y las imágenes parecen contar historias diferentes?
Este fue uno de los aspectos más interesantes del caso observado durante la práctica. Los resultados de laboratorio, considerados de forma aislada, no explicaban completamente el cuadro. Por otro lado, el estudio por imágenes aportó un hallazgo estructural relevante. Esto refuerza uno de los principios fundamentales de la Medicina:
Ningún examen debe interpretarse de manera aislada.
Las transaminasas estaban elevadas. Sin embargo, una elevación de AST y ALT no significa automáticamente que exista una enfermedad hepatocelular primaria. En determinados cuadros de obstrucción biliar aguda, las aminotransferasas también pueden presentar elevaciones importantes.
Por eso, la interpretación debe integrar:
AST + ALT + bilirrubina + fosfatasa alcalina + GGT + enzimas pancreáticas + síntomas + examen físico + estudios de imagen. La evolución temporal de estos parámetros también puede aportar información importante.
¿Qué debemos buscar en los estudios de imagen?
Cuando existe sospecha de enfermedad biliar, cada método de imagen puede aportar información diferente. La ecografía abdominal puede evaluar las vías biliares, identificar dilatación y detectar diferentes alteraciones del sistema hepatobiliar. Cuando persiste la sospecha de un cálculo en la vía biliar, la colangiorresonancia magnética (MRCP) o la ultrasonografía endoscópica (EUS) pueden utilizarse en pacientes seleccionados para confirmar el diagnóstico. La elección depende del riesgo clínico, de los hallazgos iniciales y del contexto del paciente.
¿Y dónde entra la CPRE?
La colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE) tiene un papel especialmente importante porque permite realizar intervenciones terapéuticas sobre la vía biliar. Dependiendo de la indicación, puede permitir:
- acceder a la vía biliar;
- realizar esfinterotomía;
- extraer cálculos;
- realizar drenaje biliar;
- colocar una prótesis biliar en situaciones seleccionadas.
Por eso, la CPRE no debe entenderse simplemente como “otro examen”. Es un procedimiento invasivo con finalidad principalmente terapéutica en este contexto y debe indicarse cuando los beneficios superan los riesgos.

¿Y qué relación tiene esto con la colangitis?
Aquí debemos diferenciar tres conceptos que suelen confundirse:
Colecistitis: inflamación de la vesícula biliar.
Coledocolitiasis: presencia de un cálculo en la vía biliar, especialmente en el colédoco.
Colangitis: infección de la vía biliar, generalmente asociada a obstrucción.

Por lo tanto, encontrar un cálculo no significa automáticamente que exista colangitis. Para establecer la sospecha de colangitis es necesario integrar las manifestaciones clínicas, los datos de inflamación, las alteraciones hepáticas y los hallazgos de imagen. Las Tokyo Guidelines proporcionan criterios diagnósticos y herramientas para evaluar la gravedad de la colangitis aguda y orientar su manejo.
¿Cuál sería el razonamiento clínico en este caso?
Podemos resumirlo de la siguiente manera:
Dolor epigástrico + náuseas + vómitos
↓
Considerar causas pancreáticas, biliares y gastroduodenales
↓
Antecedente de colecistectomía
↓
No descartar enfermedad de la vía biliar
↓
Alteraciones de las enzimas hepáticas
↓
Investigar posible obstrucción biliar
↓
Estudio de imagen evidencia un cálculo
↓
Determinar la localización y repercusión del cálculo
↓
Evaluar la presencia de obstrucción y/o colangitis
↓
Definir la necesidad de estudios complementarios o tratamiento endoscópico
El punto central del caso es que el diagnóstico no surge de un único resultado. Se construye integrando clínica, laboratorio e imágenes.
¿Qué debe llevarse el estudiante de Medicina de este caso?
- La colecistectomía no elimina la posibilidad de cálculos en las vías biliares.
- El dolor epigástrico acompañado de náuseas y vómitos tiene un diagnóstico diferencial amplio.
- Una elevación de AST y ALT no significa automáticamente hepatitis o enfermedad hepatocelular primaria.
- Colecistitis, coledocolitiasis y colangitis son entidades diferentes.
- Un cálculo localizado en la vía biliar puede modificar completamente la estrategia diagnóstica y terapéutica.
- La MRCP y la EUS pueden ayudar a confirmar la sospecha de coledocolitiasis en pacientes seleccionados.
- La CPRE tiene principalmente un papel terapéutico y debe indicarse de acuerdo con el contexto clínico.
- El estudiante debe aprender a interpretar al paciente y no solamente el resultado de un examen.
Una de las grandes lecciones de la práctica clínica es comprender que la Medicina rara vez funciona como una pregunta de opción múltiple. El paciente presenta síntomas. El laboratorio aporta información. Las imágenes aportan otra parte de la historia. Y el médico debe integrar todos esos datos antes de tomar una decisión. En este caso, el detalle aparentemente contradictorio “la paciente ya no tiene vesícula, entonces ¿cómo puede tener un cálculo?” es precisamente lo que hace interesante el razonamiento clínico. Para el estudiante de Medicina, queda una lección fundamental:
Cuando un dato parece contradecir tu primera hipótesis, no cierres el razonamiento. Investiga por qué.
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